El Arsenal abrió el año con una victoria cargada de carácter al remontar un exigente 3-2 frente a Bournemouth, un partido que dejó señales claras sobre la madurez competitiva del equipo en una temporada larga. Pese a un inicio adverso marcado por un error de Gabriel Magalhães, aprovechado por Evanilson, el conjunto londinense supo recomponerse, sostener la presión y corregir el rumbo con inteligencia, imponiéndose en los momentos decisivos. El propio Gabriel se redimió con un gol, mientras que Declan Rice fue protagonista con un doblete que significó sus primeros tantos en la Premier League, un hito que tuvo un impacto más profundo que lo estadístico. A partir de ese encuentro, Rice ganó peso en zonas de finalización y el Arsenal mostró una mayor variedad de recursos ofensivos, encontrando nuevas vías para marcar y reduciendo su dependencia de una sola secuencia de ataque, una evolución clave para afrontar con solidez el tramo central de la temporada.
El Liverpool llega a este duelo con una racha invicta más extensa que la de su rival, aunque con señales que invitan a la cautela tras pasar de una seguidilla de victorias a dos empates consecutivos que dejaron sensaciones encontradas. El empate sin goles frente a Leeds United expuso ciertas limitaciones en la generación ofensiva, mientras que el 2-2 ante Fulham resultó especialmente frustrante por la forma, con el gol del empate de Harrison Reed en los minutos finales, cuando Cody Gakpo parecía haber sellado el triunfo. Ese partido en Craven Cottage reflejó una cierta intermitencia en el rendimiento, con fases de dominio alternadas con bajones de intensidad que impidieron cerrar el resultado. Aunque Liverpool logró sostener el cuarto puesto, ese patrón puede ser peligroso ante un Arsenal que, especialmente en casa, ha demostrado capacidad para elevar el ritmo, presionar con agresividad y castigar con rapidez cualquier pausa o desajuste del rival.
