El Guadalajara llega a este compromiso tras caer por 3-2 ante Cruz Azul el 30 de noviembre, un encuentro que dejó sensaciones encontradas, ya que el equipo mostró capacidad para competir y generar peligro, pero también evidenció dificultades para sostener ventajas y manejar los momentos de mayor presión. Días antes, había igualado 0-0 frente al mismo rival, reflejando a un conjunto capaz de adaptarse tanto a partidos cerrados como a escenarios más abiertos y de intercambio constante. En su secuencia previa, el Rebaño firmó triunfos de peso, como el 4-2 ante Monterrey, la victoria 0-1 en casa de Pachuca y el contundente 4-1 frente a Atlas, resultados que confirman que, cuando logra imponer ritmo en campo rival, su poder ofensivo se potencia y los marcadores se amplían. No obstante, la derrota por 1-0 ante Querétaro expone la otra cara del equipo, mostrando que puede sufrir cuando enfrenta defensas replegadas y le cuesta romper bloques bajos.
El Pachuca llega a este compromiso atravesando un momento delicado, marcado por dos derrotas consecutivas: un duro 0-4 ante Atlante y un 2-1 frente a Juárez, resultados que han dejado en evidencia problemas defensivos y una preocupante sensación de vulnerabilidad. Este escenario se refuerza al observar que, en sus últimos ocho partidos, el equipo ha encajado al menos un gol, una tendencia que refleja dificultades para sostener el orden atrás y condiciona su rendimiento general. Si bien en tramos anteriores mostró capacidad ofensiva, con triunfos y empates atractivos como el 3-1 sobre Pumas y el 2-2 ante Toluca, el principal inconveniente ha sido la falta de regularidad para mantener ese nivel. De cara a su visita a un Guadalajara sólido en casa, la presión aumenta, especialmente si el partido se abre temprano, un contexto en el que Pachuca suele quedar expuesto en las transiciones defensivas.
